Kumaris: la breve vida sagrada de las niñas diosas de Nepal


La tradición de los hindúes y budistas del valle de Katmandú, que consiste en adorar a las jóvenes vírgenes llamadas kumaris, lleva siglos. Se cree que estas niñas son poseídas por la diosa hindú Taleju y son seleccionadas a una edad muy temprana (4 o 5 años). Sacerdotes y un astrólogo certifican que la niña reúna los 32 lachhins (atributos físicos y psicológicos) como Buda: algunos incluyen rasgos animales (como tener piernas de ciervo), una dentadura perfecta, pelo y ojos bien oscuros o una salud perfecta. También se les pide que superen diversas pruebas que demuestren su valor (como velar por una noche cabezas de ganado). 
Pero el privilegio de ser escogida Kumari no resulta sencillo. Las niñas no pueden asistir al colegio, ni caminar fuera del suelo de su templo. Sólo pueden comunicarse con un grupo de personas selectas y sólo pueden salir del templo durante los festivales, siempre en brazos y vestidas de rojo. Al momento de prodigar su bendición a los visitantes, deben permanecer estáticas durante largas horas. 
Un aspecto curioso de su divinidad es que la misma termina cuando la joven tiene su primera menstruación. La creencia popular es que la sangre la desacraliza, y la diosa deja de poseerla para buscar a otra niña virgen. Entonces, la jovencita que fue venerada y estuvo aislada (confinada en un templo) durante largos años, debe adaptarse de pronto a una vida normal, lo que puede suponer un evento traumático para ella. 
Muchas organizaciones de derechos humanos han denunciado la situación de estas niñas, porque su confinamiento atenta contra la libertad y derecho a la educación de estas niñas. En 2008, la Corte Suprema dictaminó que las niñas debían tener más libertades y recibir educación, pero la tradición de las kumaris sigue desarrollándose del mismo modo.
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