¿Por qué vemos rostros en manchas, sombras y contornos difusos?


¿Quién no ha distinguido un rostro en los claroscuros de un mancha o un estampado? En las vetas de la madera o del mármol, en las formas cambiantes de una nube, en una roca, en la corteza de un árbol… y en tantos otros casos en los que observamos contornos difusos.
Si paramos atención podemos encontrar animales, objetos, plantas o lo que nos propongamos haciendo uso de la imaginación, pero la localización instintiva es la de rostros más o menos humanos.
Y ¿por qué ocurre esto?

Nuestro cerebro clasifica aquello que vemos en una serie de categorías que crea en nuestra infancia. Cuando vemos, por ejemplo, una silla, sabemos al instante que un objeto que vemos por primera vez es una silla porque nuestro cerebro lo compara con unos patrones creados con anterioridad y constata una total coincidencia. Si vemos, por ejemplo, una escultura moderna de forma indefinida, podría darse el caso de que nuestro cerebro observara ciertas coincidencias que nos llevasen a decir: Pues parece una silla.
Cuando observamos una estructura o forma irreconocible nuestro cerebro intenta darle sentido comparándola con el resto de cosas conocidas con anterioridad. El hecho de percibir como algo reconocible una forma inicialmente sin ningún tipo de patrón es un fenómeno psicológico conocido con el nombre de pareidolia.

Todos asimilables a rostros humanos, excepto la nube que nos recuerda una cabeza de perro.
Otras veces es difícil dar con la interpretación de un estímulo vago, pero cuando ya se ha hecho es también muy difícil sustraerse a esta interpretación. Y es aquí cuando opera el inconsciente a la búsqueda de una imagen y donde entran en juego las creencias personales, dando como resultado hallazgos como iconos religiosos, imágenes de fantasmas, rostros misteriosos y avistamientos de ovnis, por citar algunos temas paranormales.
Veamos, por ejemplo, la imagen de la izquierda. Se trata de una baldosa de baño, cuya mancha de color conforma una serie de claroscuros de contornos muy difusos. En cuanto fijamos la vista en ella somos capaces de distinguir los primeros rostros casi al instante. Y si nos concentramos seremos capaces de encontrar más, e incluso otras formas.
Si otra persona distingue una imagen que no sabes ver y te explica cómo se ve y dónde, ya serás capaz de verla. Tan sugestionables somos y tan poco le gusta a nuestro cerebro no saber o no reconocer lo que está viendo.

Y ¿por qué distinguimos rostros y no otras cosas?
Al parecer se trata de una ventaja evolutiva. Sin duda es (y fue) muy útil reconocer con rapidez un rostro semioculto por la maleza o en la penumbra, en cuanto a supervivencia se refiere. Al menor indicio de un posible enemigo emboscado, el hombre primitivo podía ponerse de inmediato a la fuga. Quizá vislumbrara un rostro o quizá no lo fuera en realidad, pero el caso es que pudiera ponerse a salvo.
Y tan arraigada está esta facultad en el cerebro humano, que una de las primeras cosas que hacen los bebés es reconocer rostros. Reaccionando con una sonrisa o una mueca no tan solo a la voz o a los estímulos luminosos y de movimiento, sino al rostro humano. La presencia de un rostro humano en su campo de visión acaparará toda su atención y dejará de lado cualquier otro estímulo.
En cierta manera esta actitud también favorece su supervivencia. Sin duda es muy atractivo para unos padres que un bebé les siga con la mirada, les reconozca, les sonría y les preste su atención. En caso contrario unos primitivos padres podrían abandonarlo al no haber sabido crear vínculos afectivos con ellos.


Nota sabionda: Este fenómeno psicológico perceptivo —que no necesariamente patológico— es utilizado en el test de Rorschach. Un famoso test utilizado para evaluar la personalidad del sujeto estudiado, a partir de sus intentos de dar sentido a 10 láminas que presentan manchas de tinta totalmente ambiguas y faltas de estructuración.

Nota sabionda: No solamente se presenta la pareidolia con estímulos visuales, también lo hace con los auditivos. De ahí los mensajes ocultos en canciones al reproducirlas en reverso, o la aparición de mensajes o frases reconocibles en grabaciones en idiomas desconocidos.
A continuación unas de estas pareidolias auditivas en las que unas frases en castellano aparecen nítidamente en una canción en otro idioma. Pero cuidado, quizá nunca más puedas volver a escucharlas como antes.
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