La increíble historia del biólogo que combatió a los nazis con piojos


El biólogo polaco Rudolf Weigl se especializó en parasitología, particularmente, en los piojos como transmisores de tifus, la temida enfermedad que a finales del siglo XIX e inicios del XX mataba a miles de personas cada año. Cuando los nazis invadieron Polonia se vieron muy atraídos por los avances de Weigl, quien incluso había conseguido crear una vacuna, por lo que lo mantuvieron en su puesto.
A pesar de haberse salvado de la mano dura del nazismo, Weigl veía cómo sus compañeros judíos eran quitados de sus puestos y deportados, por lo que buscó una forma muy particular de salvar sus vidas: los empleó para alimentar los piojos en los que cultivaba la bacteria Ricketsia prowazekii, con la que realizaba su famosa vacuna contra el tifus.
Como a los nazis no les preocupaba la vida de los judíos y le tenían terror al tifus no se negaron. Pero lo cierto es que era imposible que estos se contagien ya que los piojos permanecían en un cinturón en el que solo podían sacar su cabeza para picar a la persona y alimentarse. Gracias a ello, Weigl no solo pudo salvar a sus compañeros judíos, sino que también consiguió salvar a muchos de los que estaban en los guetos con la cantidad de vacunas que consiguió producir.
Israel le entregó un título póstumo de “Justo entre las Naciones”, en 2003.

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