¿Por qué nos vestimos de luto?


Cuando se produce una defunción es costumbre mostrar el dolor y la pena mediante el luto. Vistiendo de negro y evitando la participación en actividades lúdicas y celebraciones. La extensión y duración del mismo varía de un lugar a otro y depende de otros factores como el grado de parentesco, la costumbre local o la época.
Al respecto comentar que esta antiquísima costumbre o tradición, muy extendida en toda la cultura occidental, se está perdiendo en las ciudades y por parte de la gente más joven, pero aún así es fácil recordar a una abuela vistiendo el luto.
El origen del luto lo encontramos en el ancestral miedo a los muertos. Como gran misterio de la vida que es, la Muerte siempre ha inquietado a la Humanidad. El no saber con certeza qué es lo que hay más allá, ha llevado a la formulación de creencias y religiones que siempre han mostrado un respeto a los muertos, conocedores del gran enigma.
Pero no tan solo respeto, también miedo. Miedo a lo que puede hacer el alma de un muerto, su espíritu, una vez abandona el cuerpo mortal expelida por el postrer suspiro. Miedo a que dicho espíritu sea reacio a abandonar el mundo e intente poseer otro cuerpo. Miedo a que el cuerpo que decida poseer sea el nuestro.
Para impedir que ocurra algo semejante nada mejor que ocultarse a ellos vistiendo ropas negras como la noche. Mudando de tal forma el atuendo que desoriente al muerto y haga irreconocible al vivo. No dejándole más alternativa que abandonar el mundo de los vivos.


Nota sabionda: En la India el color de luto es el blanco, en contraposición con la tez morena de sus habitantes. También algunas tribus primitivas de África y Oceanía, blanqueaban sus oscuras pieles con cenizas o tinturas blancas con el mismo fin: el de ocultarse a las almas perdidas. En Nueva Guinea se expresa el luto cubriéndose de barro.
Nota sabionda: El color negro es el color del luto en España desde la Alta Edad Media, pues hasta el siglo XI el color del luto fue el blanco.
Nota sabionda: Tras el luto solía venir el periodo de alivio, en el que se vestían colores como el morado, violeta o gris y se relajaba la rigidez en el comportamiento social. Como si fuera una especie de liberación, se solían cometer entonces desmanes y excesos, hasta tal punto que la expresión de alivio, ha pasado a significar ponderación o exageración. Así decimos se corrió una juerga de alivio, agarró un catarro de alivio y otras similares.
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