El hombre que transforma a muertos en diamantes


En Suiza, un hombre es pionero en esta nueva tendencia, que crece a nivel mundial y permite transfigurar la corrupción del paso del tiempo, en obras eternamente bellas e inmutables.

Rinaldo Willy es fundador de empresa Algordanza, palabra derivada del idioma gallego, que significa "recuerdo", un emprendimiento que se dedica a transformar los restos de las personas en diamantes.

Sus instalaciones se erigen en el oeste de Suiza, en donde un sofisticado laboratorio se ocupa de transfigurar más de 850 restos humanos cada año, por un valor de entre 5 y 22 mil dólares, dependiendo del tamaño del diamante que se quiera obtener.

El proceso consiste en tratar las cenizas resultantes de la cremación de un cadáver, aplicando distintos agentes químicos para extraer el carbón que contienen. Luego, el carbón es transformado en grafito.

Más tarde, el grafito es procesado con máquinas capaces de emular el proceso natural por el que los diamantes se forjan en las profundidades de la tierra, a más de 1500 grados Celsius y una presión prácticamente inconcebible.

Finalmente, tras dos meses de trabajo, se obtiene un diamante sintético, que cuenta con todas las propiedades de un diamante natural, aunque, dado su origen, es mucho más barato.

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