La mujer más besada de todos los tiempos


En la década de 1960, el médico Peter Safar encargó al noruego Asmund Laerdal la creación de un muñeco para utilizar en sus cursos de reanimación cardiopulmonar. El juguetero, convencido de que un rostro bello y femenino podía hacer más llevadero el entrenamiento, creó a la famosa Resusci Anne. Desde entonces, fue utilizada por más de 300 millones de personas en sus prácticas de RCP.

La impresionante cifra le valió el apodo de “la mujer más besada de la historia”.  Pero la historia del rostro apacible y enigmático de Resusci Anne no empezó allí. Una de las múltiples versiones sitúa su origen en París, a finales del siglo XIX, cuando fue encontrado en el río Sena el cadáver de una joven de aproximadamente 16 años de edad.



La procedencia e identidad de la muchacha eran un absoluto misterio: no había habido denuncias de su desaparición y nadie fue a reclamar el cuerpo una vez hallado. Solo una cosa se sabía con certeza: el encanto y la serenidad de su rostro eran incomparables. 


Uno de los primeros en notar esto fue el patólogo de la morgue de París donde conservaban el cuerpo, quien mandó a realizar un molde en yeso de la cara de la joven y de ese modo eternizar su belleza. Con el tiempo, más y más reproducciones comenzaron a realizarse de la máscara. El rostro de “la desconocida del Sena”, también apodada “la Mona Lisa ahogada”, además de servir como fuente de inspiración de numerosos artistas, se volvió un elemento decorativo de moda en casas de toda Europa. Una de estas casas era la de los abuelos de Laerdal, el juguetero noruego, quien se basó en la máscara que tanta fascinación le había causado en su infancia para la confección de Resusci Anne.



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