El día en que los brujos de todo el mundo se reunieron en Colombia


En Bogotá, cuatro décadas atrás, se reunían los hechiceros de todo el planeta para celebrar lo que por entonces se conoció como el primer Congreso Mundial de Brujería.
Hace 40 años, en la capital colombiana de Bogotá, cuna del Realismo Mágico, se celebró el primer Congreso Mundial de Brujería, al que asistieron hechiceros, curanderos, curiosos y charlatanes de todo el mundo. El 27 de agosto de 1975, durante la inauguración oficial, el organizador Simón González aseguraba que, durante las deliberaciones del congreso, el hombre habría de "encontrar su verdadero poder y saber, científicamente, explotando sus condiciones humanas como no ha ocurrido". También conocido como "Brother Simón", o "el brujo Simón", González fue un político y escritor colombiano, muy aficionado a las ciencias ocultas.
Se estima que más de 2.500 participantes arribaron a la capital colombiana, conformando un colorido aquelarre esotérico, que iba desde homeópatas hasta cultores del vudú. A instancias del primer Congreso Mundial de Brujería se desarrolló un gigantesco mercado de pócimas, pomadas, bolas de cristal, naipes mágicos, talismanes y frascos milagrosos. Además, periodistas de todas partes del mundo viajaron a Bogotá para dar cobertura a semejante evento.
Entre las varias anécdotas recogidas, se destaca la del célebre médico de terapias alternativas Andrew Weil, que debió retirarse con custodia, mientras era abucheado por la multitud. Sucedió que, en plena capital mundial del café, seguramente mal asesorado, el homeópata no tuvo mejor idea que exponer acerca de lo malo que, según él, resulta su ingesta: "es un alucinógeno más poderoso que la marihuana, porque genera vicio", llegó a decir.
Mientras tanto, la gente se fascinaba con los 32 brujos haitianos que llegaron a Bogotá con pasaporte diplomático para mostrar toda clase de ritos vudú. Poseídos por los espíritus, los brujos se frotaban antorchas encendidas por la cara, sin quemarse, y bailaban al son de los tambores mientras masticaban vidrio y recibían severos latigazos.
Con todo, la gran estrella del congreso, sin lugar a dudas, fue el ilusionista Uri Geller, un israelita que doblaba cucharas tan sólo con su mente. A tal punto causó sensación entre el público, que la gente desesperaba por llevarse una cucharita doblada por la mirada del poderoso mentalista. Ni lerdo ni perezoso, un empresario se apuró a comprar cientos de cucharas de café para improvisar un pequeño taller de herrería en el patio de su casa, en donde puso a todos los chicos del barrio a doblar cucharitas. Unas horas más tarde, canasta en brazo, comenzó la venta: "¡A 50 pesos la cucharita doblada por el maestro!, gritaba a viva voz. Hacia el mediodía del primer día de ventas, todas las cucharitas habían sido vendidas.

BBC
 
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