Por primera vez en ochenta años, habla el niño utilizado icnográficamente por la propaganda nazi

 Por entonces un pequeño niño de cara angelical y ojos azules, Gerhard Bartels supo ser un verdadero símbolo del nazismo e instrumento propagandístico del genocida Adolf Hitler.

Todo sucedió por casualidad, cuando el niño debió posar para la cámara junto al jefe nazi, amigo de su tío, Isidor Weiss, con quien se conocieron durante la Primera Guerra Mundial. El fotógrafo a cargo fue nada menos que Heinrich Hoffmann, encargado de retratar a Hitler en toda ocasión. Sin embargo, la propaganda nazi vio en esta fotografía mucho más: identificaron rápidamente la oportunidad de utilizar al pequeño niño blanco como ejemplo de la pureza aria; su cara apareció, desde entonces, en un sinfín de postales, libros y afiches de campaña.

Hoy, ochenta años después, Gerhard Bartels rompió el silencio, por primera vez, para desahogar las penas acerca del evento que lo atormentó toda su vida. Corría ale año 1936, cuando sus padres le ordenaron vestir la mejor ropa que hubiera en el ropero. Se trataba de una ocasión muy especial: ese día conocería a Hitler en persona. "No tenía permiso para jugar con los otros niños ese día para no ensuciar mi ropa […] No me gustó eso. Yo sólo quería estar afuera con los demás niños", recuerda Bartels.

"Hitler era un gánster. Los nazis me usaron con fines propagandísticos. Fui utilizado para mostrar el amor de Hitler por los niños", resume. "Pero todo dictador hace lo mismo, desde Mussolini hasta Stalin. Fui elegido porque obviamente encajaba con lo que Hitler pensaba que debía ser un niño ario".

De aquel encuentro, recuerda todavía un hecho muy puntual y, según él mismo define, doloroso: debió saludar a Hitler con la tradicional fórmula "Heil Mein Fuhrer". "Incluso a esa corta edad, en lo profundo, sabía que estaba siendo manipulado", confiesa. También recuerda otro detalle, que evidencia la más pura inocencia con respecto a lo que sucedía: "Estaba contento de que me saquen una fotografía, porque pensaba que tendría una porción más grande de torta de manzana. El fotógrafo, Heinrich Hoffmann, tomó todas las fotos, pero ochenta años después todavía estoy esperando la torta", asevera irónicamente.


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