Sealand, el país más pequeño del mundo

El fantástico Principado de Sealand, o Marlandia según una traducción aproximada al castellano, está considerado como el país más pequeño y menos poblado del mundo, con sus 550 metros cuadrados de extensión y su población que oscila entre los 3 y los 22 habitantes. No obstante, este dato solo, como una curiosidad numérica, no alcanza para hacer honor a la excentricidad de este país, que es raro tanto en imagen como en su historia. El fuerte sobre el que se emplaza nació como una plataforma militar británica, ubicada a 10 kilómetros de la costa, con el objetivo de defender al Reino Unido de los ataques marítimos de la Alemania Nazi durante la Segunda Guerra Mundial.


Varios años después de concluida la guerra, los habitantes de Sealand declararon su autonomía respecto de la corona británica, y erigieron su pequeña patria como un principado. ¿Quién puede decir a alguien que ha nacido o ha tenido a sus hijos luego de vivir décadas en un lugar que eso que siente por el suelo que pisa no es un sentimiento patriótico de identidad? Así que, por raro que pareciera a los habitantes del resto de los países “normales” del mundo, estas dos torres de concreto se convirtieron en un estado “de hecho”.  Su independencia económica (tienen agua potable, consumen lo que consiguen de la pesca e importan en sus viajes los bienes de los que carecen) fue la plataforma que les permitió consolidarse como principado autónomo. Otra de las principales fuentes de ingreso es la venta de títulos nobiliarios por Internet: como buen principado, Sealand puede declarar condes, condesas, lords y ladys, siempre y cuando el nuevo noble colabore con unos dólares para el país. Esos dólares se convertirán instantáneamente a la moneda local, el Sealand Dollar.


País que ha dado sus primeros pasos en un mundo hipercomunicado y en red, sus habitantes encuentran numerosas formas de aumentar el PBI con ingenio: también se puede comprar, por internet, metros cuadrados de la superficie de Sealand, a 33 dólares el metro. ¿Cómo comenzó esta exótica historia? El ex infante de marina británico, Roy Bates, que utilizaba la plataforma para realizar transmisiones de radioaficionado, llevó a su mujer y sus hijos a conocer su extraño refugio en la Nochebuena de 1966.


Meses más tarde se proclamó Príncipe de Sealand, y nadie se opuso cuando ascendió a Monarca. Roy falleció hace dos años, y el trono fue heredado por su hijo Michael, quien hoy se emociona al escuchar el himno de su extraño y pequeño reino.



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