El hambre se lleva en los genes

Se dice que la experiencia del hambre es tan extrema que no se puede describir con exactitud, y que quien la ha vivido no la puede olvidar; esto, al menos a nivel del intelecto o la conciencia: algo muy distinto sucede, según ha descubierto la ciencia, con la presencia genética del hambre. Un grupo de científicos norteamericanos e israelíes han logrado detectar la continuidad de un mecanismo genético que constituye una especie de respuesta física en personas que en algún momento de su vida han experimentado el hambre, manteniéndose de generación en generación. La hipótesis de este fenómenos surgió luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando algunos investigadores advirtieron que los efectos del hambre en las poblaciones de mujeres embarazadas afectadas por los bloqueas de suministro alimenticio (como sucedió en Holanda en 1944) derivaban en respuestas fisiológicas ante el hambre que podían heredar sus hijos, y tal vez, muchos años más tarde, los hijos de sus hijos.


Ahora, los científicos han descubierto, gracias a una serie de experimentos con gusanos, un mecanismo ligado a la resistencia a la inanición durante varias generaciones. "Hemos identificado un mecanismo llamado 'pequeños ácidos ribonucleicos (ARN) de herencia', que permite a los gusanos transmitir la memoria del hambre a varias generaciones", explica Oded Rechavi de Tel Aviv. Los investigadores observaron que los gusanos sometidos a inanición produjeron pequeños ARN implicados en la nutrición; y por esta razón, los bisnietos de los gusanos hambrientos tenían una vida útil más prolongada". Si este mecanismo pudiera ser controlado, podría permitir a los padres preparar a sus hijos para dificultades similares a las que ellos experimentaron.

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