La Santa Muerte, culto devoto a la muerte en México


La Flaquita, la Huesuda, Niña Blanca. Por estos y otros diversos nombres “cariñosos”, la Santa Muerte es conocida y venerada por todo México. Al ser la propia personificación de la muerte, lógicamente, no es reconocida oficialmente como santa por la Iglesia Católica. Y pese a su identidad de género, su apariencia esquelética no revela feminidad alguna. Los devotos y fabricantes de imágenes acostumbrar a vestirla de novia, como monja o con túnicas que apenas dejan ver sus rostro, manos y pies.

Santa Muerte

La Santa Muerte, también conocida como Santísima Muerte, es la temida Santa Patrona de los Muertos, del olvido y de las almas asesinadas cuyo origen se remonta al periodo prehispánico en México.

Los Mexicas la conocían por otro nombre, solían llamarla Mictecacíhuatl, “La Dama de la Muerte”, una divinidad que se creía protegía las almas y huesos de los muertos mientras habitaba el Mictlán. Era la reina de este inframundo donde gobernaba al lado de Mictlantecuhtli. Según la cosmovisión del pueblo Mexica, Mictlán era la morada de las almas en pena, el equivalente al limbo.

Los nativos representaban a Mictecacíhuatl como una mujer vestida con ropas tradicionales de los Mexicas, adornada y decorada con mantos grises tradicionalmente utilizados en la ceremonia de cremación. Ella portaba una espeluznante máscara de calavera, con una protuberancia que le salía de la cavidad nasal y que podía utilizar para herir a sus enemigos. Según el mito, esta punta afilada era utilizada para perforar la cara de sus adversarios provocándoles horribles heridas.



Mictecacihuatl y Mictlantecuhtli

Mictecacíhuatl era una divinidad relacionada con el Sagrado Día de Muertos, una de las fechas más importantes del calendario festivo de la tradición mexica. El Día de los Muertos, era un día de fiesta que originalmente acaecía hacía el final del mes de julio y principios del agosto, dedicado a los niños que morían muy jóvenes y que necesitaban ser recordados por sus familias. En esas fechas se le solicitaba a la Señora de los Muertos que intercediera y cuidara de los pequeños como si fuera su verdadera madre.

La festividad fue alterada con la llegada de los Conquistadores Españoles, los sacerdotes Católicos trasladaron la fecha de las celebraciones para hacerla coincidir con el Día de Todos los Santos, en un intento descarado por convertir el día sagrado en una fecha cristiana. Pese a los intentos de los sacerdotes en cambiar la esencia del festejo, el Día de Muertos se mantuvo fiel a sus raíces venerando entre otras cosas a la Señora del Mundo de los Muertos.

Los nativos creían que los Antiguos Dioses se habían molestado tanto con la llegada de los conquistadores que flotaron para abandonar el Mundo de los Hombres y ser olvidados para siempre, pero a última hora cambiaron de idea. No se fueron ni murieron, prefirieron dormir, siendo despertados de vez en cuando a través de la fe de sus fieles y de sus oraciones en fechas específicas.


Tanto Mictecacíhuatl como su compañero Mictlantecuhtli recibían ofrendas de sangre y sacrificios practicados por los Mexicas. En cambio, las divinidades garantizaban una muerte favorable y pacifica cuando llegara la hora. Según la tradición, para recibir un favor de la diosa, el devoto tenía que ensuciarse la mano derecha con sangre de su sacrificio, misma sangre que era pasada por una estatua que representaba a la diosa. Toda vez que la sangre desempeñaba un papel central en los rituales religiosos, el color rojo se asoció con los Dioses de los Muertos y por extensión el color fue atribuido a la muerte y a todos los rituales fúnebres. Otro elemento curioso es que Mictlantecuhtli y su amante Mictecacíhuatl, supuestamente vivían en la oscuridad y se sentían incomodados por la luz. Cuando los rituales dedicados a estos eran llevados a cabo por sus seguidores, una de las reglas fundamentales era que todas las hogueras y antorchas fueran apagadas y que sólo se realizaran en noches sin luna.



Los fieles seguidores de los antiguos Dioses de la Muerte existieron hasta finales del siglo XIX, sobre todo en las regiones más interiores de México. Aunque la población se fue convirtiendo al catolicismo romano, algunos grupos dispersos adoradores de Mictecacíhuatl continuaron realizando rituales en secreto, pese al fuerte tabú y a las persecuciones que sus adeptos podían sufrir por parte del resto de la población.

Aunque no existen razones que expliquen los motivos por los que los Dioses de la Muerte continuaron siendo tan populares al punto de sobrevivir al periodo de la pos conquista. Es probable que el carácter protector y su importante papel en las celebraciones del Día de Muertos hayan garantizado su longevidad. Actualmente, el Día de Muertos es una de las festividades más populares del país y todo mexicano que se precie rinde reverencia en esta fecha.

El pueblo mexica creía que sus Antiguos Dioses algún día volverían. Serían despertados del olvido por el fervor de sus seguidores para derrocar a los invasores y su “Falso Dios”. La Dama de la Muerte no sufrió el mismo destino que la Virgen de Guadalupe que originalmente era una Diosa del pueblo Mexica conocida como Tonantzin (La Diosa de la Luna, también conocida como Coatlicue). Los misioneros aprovecharon las imágenes de Tonantzin y las transformaron en un equivalente a la Virgen María a fin de atraer a los nativos paganos hacia la fe cristiana. Mictecacíhuatl por otro lado mantuvo su esencia original, sin embargo, gracias al sincretismo religioso, se fue transformando en la Santa Muerte.

Se cree que la reverencia moderna a la Santa Muerte habría surgido en Hidalgo a mediados de 1965 (aunque hay referencias de personas que supuestamente seguían a la santa desde los años 1930 o incluso antes).

La Santa Muerte moderna es dueña de una imagen que retiene los poderes característicos de Mictecacíhuatl, la Señora de la Tierra de los Muertos y protectora del alma de los niños. Con el tiempo, su imagen se hizo idéntica a la figura de la Muerte clásica (Grim Reaper) de las tradiciones europeas que tuvieron una gran influencia en México. Además del manto negro y de la guadaña, todavía porta algunos iconos que la identifican como Mictecacíhuatl: un búho, por ejemplo, que a menudo es visto en varias estatuas. Otros objetos asociados a ella son la balanza, el reloj de arena, los cráneos humanos y un globo de cristal (que representa el dominio de la misma sobre el mundo entero).



Las imágenes de la Santa Muerte son siempre muy parecidas. Retratan a una mujer vestida con un manto negro semejante al hábito de una monja, su rostro y las manos son las únicas partes descubiertas. En general, las estatuas son negras, hechas de obsidiana, pero las partes del cuerpo son siempre esqueléticas, pintadas con cal viva adquiriendo una coloración blanca. En la base de las estatuas, donde generalmente se encuentras sus pies, los fieles acostumbran a encender velas, quemar incienso o depositar regalos como granos y semillas. Huesos, mechones de cabello de un cadáver y clavos de un ataúd también son regalos adecuados que recuerdan a los ritos nigrománticos medievales traídos al Nuevo Mundo y convertidos en Brujería. Las velas son una señal clara de sincretismo, ya que en la tradición de los Mexicas las oraciones a Mictecacíhuatl se hacían en la oscuridad. Las velas, de hecho, desempeñan un papel importante en los rituales a la Santa Muerte. Estas velas vienen en diferentes colores, las negras sirven para herir a los enemigos (no matarlos), las blancas buscan la protección espiritual y limpieza, mientras que las de color rojo hacen referencia a la venganza y solicitan la muerte del enemigo.

La Santa Muerte era popularmente conocida como La Huesuda en las áreas rurales, y dicen, muchas personas mantenían por lo menos una pequeña imagen de ella escondida en casa, incluso aquellos que se decían cristianos practicantes. Se suele decir que los poderosos esconden los “huesos en casa”, lo que hace referencia a que estas personas poseen estatuas de La Huesuda a las que rezan y hacen homenaje, obteniendo a cambio, favores y poder.



El resurgimiento de cultos devotos a la Santa Muerte parece haber encontrado fieles sobre todo entre criminales y miembros del bajo mundo (contrabandistas, prostitutas, ladrones) en las últimas décadas. Personajes ligados a los Carteles del Narcotráfico, afirman que la Santa Muerte era su santa patrona y que utilizaban la imagen para amedrentar a sus enemigos prometiendo que estos tendrían un fin terrible si se cruzaban en su camino toda vez que gozaban de protección sobrenatural.

Desde entonces, la Santa Muerte fue adoptada por varias facciones criminales, utilizada como forma de intimidación y coerción. En 1988, un asesinato múltiple involucró un sacrificio a la Santa Muerte, en esa ocasión un grupo criminal eliminó a siete rivales de un grupo contrario, derramando su sangre sobre una estatua de La Huesuda. El crimen fue un punto de partida, porque desde entonces es común ver en los escondrijos de los criminales pequeños altares dedicados a la Santa Muerte.

La secta homicida descubierta hace algunos años en Nacozari, Sonora se destaca entre los demás toda vez que no estaba conformada por criminales que intentaban asustar a sus competidores, sino por personas comunes, campesinos que se adhirieron a las practicas religiosas ancestrales que probablemente sus antepasados también siguieron.

Hasta qué punto la Santa Muerte (o Mictecacíhuatl, quién sabe) se hará de nuevos seguidores es algo imposible de pronosticar, pero sin duda, el resurgimientos de antiguos cultos plantea cuestiones respecto hasta donde las viejas tradiciones pueden ser resucitadas.

Quizá los Dioses Antiguos estén durmiendo ¿Cuántos fieles serían necesarios para que despertaran de nuevo?

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